
Hablar de playas del sur de Mallorca es citar inexcusablemente a Es Trenc, el inmenso arenal rodeado de pinares y dunas completamente virgen. Es un buen ejemplo de una playa conservada intacta, preservada de cualquier tipo de urbanización, paraíso naturista y de amantes de lo auténtico. Y también una buena prueba de cómo, no siempre es compatible lo cómodo con lo natural, puesto que bañarse en Es Trenc implica aparcar lejos, caminar un buen rato y carecer del clásico y socorrido chiringuito playero. Pero no es posible lo uno con lo otro y Es Trenc es el resultado de la concienciación ciudadana contra el desarrollo abusivo e irrespetuoso del medio ambiente. Paradójicamente, esta joya que es Es Trenc parece que es directa consecuencia de un desastre natural, una ola gigante provocada por el terremoto de Lisboa de 1755, que rompió contra esta zona de la costa. Es Trenc significa La Rotura o Quebradura.
Es Trenc limita al sur con la Colonia de Sant Jordi, un antiguo poblado de pescadores asentado sobre un cabo y convertido hoy en centro turístico con puerto deportivo inclusive. Desde aquí parten a diario los barcos que llevan a los visitantes al cercano Parque Nacional marítimo terrestre de la isla de Cabrera. Pero el interés que en nosotros despierta la Colonia de Sant Jordi reside en delimitar con Ses Salines, el municipio al que pertenece, y el Cap de Salines un triángulo imaginario que es un perfecto compendio del Migjorn mallorquín.
El nombre de Ses Salines es el único posible para las que son las segundas salinas en funcionamiento más antiguas del mundo. Cuando llegaron los romanos ya eran explotadas por los cartagineses y desde entonces hasta nuestros días. Los primitivos habitantes de Mallorca tuvieron especial predilección por el sur, como prueba el amplio muestrario de construcciones megalíticas en la zona, como son los talaiots de Els Antigors, Talaia Joana o Es Mitjà Gran.
La presencia de las salinas es un elemento que agudiza la sensación de aridez del sur de Mallorca, impresión que cortan visualmente la vegetación de garriga o matorral y las manchas de pinos y sabinas, o, claro está, los humedales conocidos como s'Estany des Tamarells y s'Estany des Gambes, lagos de agua salada que son los responsables de la presencia de una avifauna que atrae a ornitólogos y curiosos. Sólo de cigüeñuelas se encuentra aquí la mayor colonia permanente de todas las Baleares. Pero también otras especies no menos importantes tienen en el salobrar su residencia habitual, como las avocetas o las lechuzas de campo. Junto a sus colonos habituales, los dos lagos salados son también el principal punto del archipiélago balear de paso de aves migratorias, desde flamencos hasta anátidas, pasando por abejarucos, gaviotas de Audouin o pardela balear. Lentiscos, jaras y los habituales juncos completan el paisaje vivo de las lagunas de Tamarells y Gambes, declaradas Área Natural de Especial Interés. Para bien o para mal, ambos humedales están en una propiedad privada, en la finca Sa Vall, por lo que es necesario tener permiso de la propiedad para visitarlos, si bien desde la linde de dicha finca ya son visibles. En esta misma finca se encuentra el magnífico jardín botánico de cactus, propiedad de la familia March. Igualmente se necesita permiso para su visita.
Volviendo a la costa, las calas Es Cargol y de Tugores aparecen entre una línea costera muy accidentada. Ambas cuentan con importantes pinares, arenas doradas y dunas móviles. Son las playas del Migjorn: tranquilas e inmaculadas.
Descendemos hacia el Sur y llegamos al Cap de Salines. Es el extremo meridional de Mallorca. En frente, Cabrera siempre presente. Es aquí, en este Cabo, donde se obtiene la mejor vista del Parque, y desde arriba, en el faro, la vista de la inmensidad del Mediterráneo.
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